La sociedad y las instituciones en cuanto a las Personas con Discapacidad

Juan Revollo Valencia

A ver, algunas palabras así a la rápida.

Hasta el momento van una cantidad de normativas sobre los derechos de las personas con discapacidad, entre leyes nacionales y normativa internacional entre declaraciones y tipos otros. Al igual que sobre los derechos de los pueblos indígenas, se puede hablar maravillas sobre los derechos de las personas con discapacidad. Las representaciones de los pueblos indígenas pues también hablan así, maravillas; alardean que “estos son nuestros derechos, que nunca antes hemos tenidos derechos como las que tenemos ahora, etc.” Y como personas con discapacidad ¿cuál es nuestro porcentaje de aprobación de que se estén cumpliendo nuestros derechos? ¿Qué tanto gozamos de esos derechos en nuestra difícil existencia? Habría que hacer estudios. Pero incluso los estudios mienten, si se es encargo de instancias oficiales.

La sociedad aún continúa con su indiferencia ante nuestra existencia. Seguimos raros a los ojos de las personas de cualquier edad. A veces nos hacen esas preguntas matadoras. No nos es fácil caminar por las calles y todo espacio en esas condiciones que ofrece el sistema social. Hay leyes sobre o para las personas con discapacidad, pero parece que la sociedad y las instituciones no se han enterado de la existencia de esas leyes. Tarea de las instituciones.

Seguramente hay personas que sienten que se cumplen sus derechos, o es que realmente se cumplen estos derechos en su plenitud con algunas personas, en desequilibrio en relación a otras personas. Entonces, depende de quién habla o discursea sobre los derechos de las personas con discapacidad. A menudo los expositores no serán los críticos, los que dicen la verdad, sino aquellas personas que gozan de esos derechos en relación diversa al resto.

Muchas personas con discapacidad hemos logrado estudiar alguna carrera profesional con recursos y esfuerzos propios, sin la intervención de alguna instancia, sin la ayuda de nuestras procedencias culturales ni estatales. Pero estos esfuerzos no son reconocidos ni por la sociedad, ni por la educación superior, ni por las instituciones del Estado. Durante el estudio las personas con discapacidad hacemos doble o triple esfuerzo en comparación del resto. Logramos terminar la carrera gracias a esos esfuerzos más allá de lo normal, pero la misma universidad ni las instituciones regionales y del Estado no tienen imponen esfuerzo alguno para reconocernos esos esfuerzos. Ya como profesionales, seguimos poniendo nuestro doble o triple esfuerzo, pero parece estamos más abandonados. Las personas con discapacidad con profesión no dejamos de ser “personas con discapacidad” por llegar a ser profesionales. Es más, iniciamos el camino de bajada; nunca más las personas con discapacidad mejoraremos nuestra situación física, mental, visual, etc., pero tenemos derecho a vivir dignamente por lo menos el corto tiempo que se nos ha dispuesto el destino. Buscamos ser mejores, pero la sociedad y el sistema de funcionamiento de las instituciones no se nos permiten. La sociedad y las instituciones no están preparadas para asumir sus obligaciones para con las personas con discapacidad.

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