Interpelando el cumplimiento del derecho a la igualdad desde la mirada educativa

David Revollo Valencia

Los pueblos y las personas indígenas son libres e iguales a todos los demás pueblos y personas y tienen derecho a no ser objeto de ningún tipo de discrimi­nación en el ejercicio de sus derechos, en particular la fundada en su origen o identidad indígenas.” (Declaración ONU, Art.: 2) “deberán gozar plenamente de los derechos humanos y libertades fundamentales, sin obstáculos ni discriminación. (Convenio 169 de la OIT, art. 3.)

El cumplimiento de este derecho se ausenta mucho en la realidad de las personas individuales y colectivas. En la misma comunidad indígena o campesina es difícil concretar su cumplimiento. Muchos jóvenes y señoritas se quedan en el desequilibrio cuando personas de las mismas edades lograron estudiar o que poseen más que los otros. En cuanto a pueblos indígenas como colectivos, en estos tiempos, con tantas normativas de protección a los derechos humanos, con el juego de las políticas nacionales y épocas eleccionarias, se distancia este ejercicio. Las personas indígena originarias, las personas y familias de bajos recursos en las ciudades, las personas de tercera edad sin familiares y las personas con discapacidad no viven en esa igualdad de condiciones en relación a familias poderosas, políticos, funcionarios públicos, trabajadores y docentes en instituciones educativas públicas superiores. Entonces, eso también es discriminación, se distancia de la igualdad y entonces se practica una desigualdad.

A medida que uno va viviendo la vida conoce muchos casos de vulneración del derecho a la igualdad de las personas individuales y colectivas. No es igualdad cuando el personal de las instituciones públicas, entre ellas las universidades estatales, se sienten dueños y no dejan el desenvolvimiento laboral de muchas otras personas más competentes y que requieren oportunidad (Eso es uno de los problemas que tienen nuestras universidades. Si se darían oportunidades a todos los profesiones y que se revisaran los resultados, se tendrían respuestas ante las necesidades de las poblaciones y entonces resultados eficientes y productivos que llevaría hacia el desarrollo el país en su conjunto). No es igualdad cuando hay personas o profesionales que realizan más producción en su área de formación y que aportan en favor de la construcción social sin sueldo muchos tiempos, mientras hay profesionales que viven del sueldo pagado sin falta por el Estado y no coadyuvan en el desarrollo construccional de la sociedad. Son muchos los desequilibrios, mucha desigualdad.

En los pueblos no hay tratamientos igualitarios de sus gobiernos y de los gobiernos y de las personas o familias pudientes con sus habitantes de bajos recursos o humildes. Se pensaron que estas problemáticas serían solucionadas con la llegada de la escuela a las áreas rurales, pero no fue así. Durante la Asamblea constituyente se ha santificado en gran medida a la justicia “comunitaria”, pero quienes hayan pregonado aquella santificación tal parece que no tuvieron experiencias de injusticia en esos procedimientos y resoluciones de conflictos en las jurisdicciones originarias, o en todo caso, habrían sido los que alguna vez han administrado esta forma de justicia para oprimir al pueblo. Lo que ocurre, y así habrá sido durante la colonia y antes de la llegada de los españoles, la justicia no siempre era plena ni equilibrada observando el bienestar de las personas y familias humildes y desprotegidas, más bien favorecían a las personas y familias pudientes. Así habrá sido en otras geografías y otros tiempos.

Con la justicia no siempre nos estamos refiriendo a las actividades y hechos en los estratos judiciales, sino al diario vivir de las personas, de las familias y del pueblo mismo. Los comunarios campesinos e indígenas como pueblo no siempre tuvieron oportunidad de descansar y disfrutar de la paz en cuanto llegaran los españoles, así en sus tiempos anteriores, durante la colonia y en los tiempos de la plurinacionalidad. Durante la colonia, los representantes de los pueblos originarios se movilizaron reclamando el cumplimiento de sus derechos, la búsqueda de la justicia estaba en las manos de los representantes a quienes las bases habían confiado dicha tarea. Desde nuestros días no podemos imaginar las tantas dificultades que han pasado los representantes originarios tras el reclamo de sus derechos, pues, porque no vivimos o no conocemos vulneración alguna de nuestros derechos o nos hemos acostumbrado a esa vulneración de nuestros derechos. Hay muchas familias que conocen el vivir bien, no conocen las dificultades que pasan otras familias y personas de sus mismos pueblos, entonces para ellos todo está bien, no tienen a quién reclamar ni por qué derecho vulnerado. Es más, estas familias son los que vulneran los derechos de otras personas y otras familias, y como nadie les reclama, sienten que lo que hacen es normal, que no están vulnerando ningún derecho ni de nadie. Nunca van a saber qué es sufrir, los que oprimen a sus pares, a las personas y familias humildes, incluso hay pueblos que oprimen a otros pueblos. Así podemos seguir identificando sectores, clases sociales, instituciones, familias y personas que vulneran los derechos de otros fomentando la desigualdad. Temas estos a ser estudiadas desde instancias del subsistema de educación regular.

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